Anita Roddick (Entrevista)
Anita Roddick
¿Quién es Anita Roddick?
Nací en Littlehampton, en 1942. Hija de una pareja de inmigrantes italianos asentados en un pueblito de la costa inglesa, yo era una auténtica advenediza y fui arrastrada hacia otros advenedizos y rebeldes. James Dean fue mi ídolo en mi etapa escolar. También tenía fuertes sentimientos de indignación que despertaron en mí cuando a la edad de diez años descubrí un libro sobre el Holocausto. Me capacité como maestra, pero una oportunidad en un kibbutz en Israel se me convirtió en un largo viaje de trabajo alrededor del mundo. Poco tiempo después de regresar a Inglaterra, mi madre me presentó a un escocés llamado Gordon Roddick. Nuestra atracción fue instantánea. Nos casamos en 1970, yo con un niño a mi espalda y otro en camino.
¿Quién es Anita Roddick?
Nací en Littlehampton, en 1942. Hija de una pareja de inmigrantes italianos asentados en un pueblito de la costa inglesa, yo era una auténtica advenediza y fui arrastrada hacia otros advenedizos y rebeldes. James Dean fue mi ídolo en mi etapa escolar. También tenía fuertes sentimientos de indignación que despertaron en mí cuando a la edad de diez años descubrí un libro sobre el Holocausto. Me capacité como maestra, pero una oportunidad en un kibbutz en Israel se me convirtió en un largo viaje de trabajo alrededor del mundo. Poco tiempo después de regresar a Inglaterra, mi madre me presentó a un escocés llamado Gordon Roddick. Nuestra atracción fue instantánea. Nos casamos en 1970, yo con un niño a mi espalda y otro en camino.

¿Cómo comienza Body Shop?
Comencé el Body Shop (Bazar de Belleza) en 1976 con la sola idea de que nos sirviera de sustento a mí y mis dos hijas, mientras mi esposo Gordon andaba por toda América. No tenía estudios, ni experiencia y lo único que sabía venía dado por un consejo de Gordon, tratar de lograr ventas por valor de £300 a la semana. Nadie se refiere al empresariado como medio de sobrevivencia, pero es exactamente eso, además de que nutre el pensamiento creador. Estar a cargo de ese primer Bazar me enseñó que los negocios no son una ciencia de las finanzas, sino se trata de comerciar, o sea, de comprar y vender. Se trata de crear un producto o un servicio tan bueno que haga que la gente pague por él para adquirirlo. Ahora, después de 28 años, el Body Shop es un negocio con múltiples sucursales, con más de 1980 tiendas que atienden a más de 77 millones de clientes, en 50 mercados diferentes, en 25 idiomas, a través de 12 regiones. ¡Y no tengo la más mínima idea de cómo llegamos hasta ahí!
No fue sólo la necesidad económica lo que inspiró el surgimiento del Body Shop. Mis viajes iniciales me habían proporcionado una rica experiencia. Había pasado algún tiempo en comunidades pesqueras y agrícolas con gentes de niveles preindustriales, expuesta a rituales dedicados al cuerpo de las mujeres de todas partes del mundo. Además, la frugalidad que mi madre experimentó durante los años de guerra me hicieron cuestionarme las convenciones de las ventas al detalle. ¿Por qué botar un envase cuando se puede usar de nuevo? Nos comportamos tal y como ella había hecho durante la Segunda Guerra Mundial, utilizamos todo de nuevo, rellenamos todo, reciclamos todo lo que pudimos. La creación del activismo medioambiental del Body Shop nació de ideas como esas.
¿De qué depende el éxito de Body Shop?
Sé que lograr el éxito no depende sólo de buenas ideas; depende del momento también. El Body Shop apareció justo cuando Europa se convertía en "verde". El Salón siempre pudo identificarse por su color verde, el único color que pudimos encontrar capaz de cubrir las paredes húmedas y llenas de moho de mi primera tienda. Abrí una segunda en seis meses, coincidiendo con el regreso de Gordon a Inglaterra. Él llegó con la idea de autofinanciar más tiendas que aceleraran el crecimiento de una red, a través de la cual el Body Shop se expandió por todo el mundo. La compañía se hizo pública en 1984, y desde entonces he ganado varios premios, de los cuales pienso que merezco un par de ellos y los otros no.
Los negocios tienen el poder de hacer el bien. Es por eso que la Declaración de Principios del Body Shop comienza con el compromiso de "dedicar nuestro negocio a la búsqueda de un cambio ambiental y social". Usamos nuestras tiendas y nuestros productos para ayudar a trasmitir temas sobre derechos humanos y el medioambiente.
¿Cómo se vincula Body Shop a campañas por los derechos humanos y el desarrollo sustentable?
En 1993 conocí una delegación de la población de los ogoni, en Nigeria, que reclamaba justicia y reivindicaciones contra la compañía de la gigante multinacional Shell, la cual estaba devastando sus territorios con las exploraciones y la producción de petróleo. En el trabajo con las ONGs convertimos su campaña en una causa internacional célebre. Pero, trágicamente el vocero de los ogoni, Ken Saro-Wiwa, y ocho ogonis más fueron ejecutados por el gobierno de Nigeria en 1995. No obstante, nuestra campaña continuó y finalmente otros 19 prisioneros de los ogoni fueron liberados. En 1997, después de cuatro años de presiones constantes, la Shell dio a conocer nuevas normas revisadas de operaciones donde la compañía se comprometía con los derechos humanos y el desarrollo sostenible. Un año más tarde, lanzaron sus "Ganancias y Principios", una campaña publicitaria en la que reconocían el interés de "un amplio grupo de accionistas en nuestro negocio". Quiero pensar que tuvimos algo que ver en lo que realmente significa ser un ciudadano corporativo.
En septiembre de 2001 uní las fuerzas del Body Shop a Greenpeace, junto a varios miles de organizaciones y consumidores individuales, en una campaña internacional contra la Exxon-Mobil (ESSO), la compañía petrolera y de gasolina más grande del mundo y "Enemigo No.1 en el Calentamiento Global". Esta es la compañía que se niega a aceptar la relación que existe entre quemar combustible y el calentamiento global, y que les ha dado la espalda a las inversiones, así sea de un solo centavo, en energías alternativas renovables, como el viento y la energía solar.
Para mí, organizar campañas y buenos negocios significa también dar a conocer soluciones, no se trata sólo de oponerse a las prácticas destructivas o los abusos de los derechos humanos. Un área clave donde mis negocios y mis intereses personales se combinan de manera natural es en las iniciativas comerciales de la comunidad de Body Shop. Todo comenzó en 1989 cuando asistí al encuentro de Altamira, en protesta contra un proyecto de una hidroeléctrica que hubiera inundado miles de acres de selva tropical sumergiendo las tierras de tribus del Amazonas. Tenía que hacer algo de índole práctico para ayudar a que estas gentes preservaran su cultura. ¿Semillas? En específico, semillas de Brasil que los indios recogen de la selva por medios sustentables, y que cuando se trituran producen un aceite brilloso que sirve como humidificador y acondicionador. La primera relación comercial con estas gentes de la selva, no acostumbradas a ningún tipo de actividad comercial, estuvo cargada de dificultades y peligros. Pero después de 13 años hemos seguido comerciando con ellos, e incluso hemos establecido un proyecto de Farmacia Verde, la cual produce medicamentos basados en el conocimiento tradicional que estos habitantes tienen de las plantas selváticas, lo cual reduce su dependencia de fármacos modernos inapropiados y caros.
Todos los años visito varios de nuestros proyectos. En noviembre de 1999 visité Teddy Exports –socios a largo plazo del sur de la India— GPI en Nepal y nuestros nuevos socios de los pueblos indígenas de Chepang, quienes cultivan hierbas para nuestra línea de Ayurvedic. En enero de 2001 visité los 130 productores de aceite de ajonjolí en Nicaragua, quienes reciben un precio justo y estable por sus semillas. Como resultado, estos campesinos han construido un negocio sustentable con influencia en el mercado, mientras administran una tienda subsidiada, una cooperativa de créditos y emplean a un agrónomo cubano especializado en métodos orgánicos. El trato con Body Shop no los va a hacer ricos de la noche a la mañana, pero sí va a permitir que estos campesinos mantengan el tipo de vida que han escogido y logren su autonomía a través de la cooperación. Me siento muy orgullosa de nuestros esfuerzos por lograr que las relaciones comerciales justas de nuestra comunidad lleguen a los negocios ya establecidos. El Body Shop tiene ya 42 proyectos de ese tipo en 26 países y esperamos desarrollar más.
Siempre el público nos ha identificado al Body Shop y a mí. Hoy ya es imposible separar los valores de la compañía de aquellas cosas de las que apasionadamente me he ocupado – responsabilidad social, respeto por los derechos humanos, protección de los animales y el medioambiente, y una fe absoluta en el comercio de la comunidad. No obstante, el Body Shop no es, ni ha sido nunca, el trabajo de una sola persona. Es una operación global con miles de personas que trabajan hacia metas comunes y comparten los mismos valores. Es esto lo que le ha proporcionado fortaleza a sus campañas y su comercio, y le ha permitido distinguirse de los negocios de las grandes cadenas.
¿Por qué promovió una Nueva Academia de Negocios?
En mi primer libro –una historia autobiográfica de los primeros años del Body Shop, titulada Body and Soul (Cuerpo y alma) y publicada por Ebury Press—escribí que nunca le daría empleo a nadie de la Escuela de Negocios de Harvard. Llegué a esa conclusión después de que un genio del mercadeo (de Harvard, me apresuro a añadir) le dijo al Wall Street Journal que, para sobrevivir, el Body Shop necesitaría de una gran campaña publicitaria; especialmente en 1988, cuando estábamos ampliando nuestras operaciones en Estados Unidos.
Pero yo siempre me he ganado la fama de romper el molde, cuando se trata de prácticas de negocios tradicionales. Por ejemplo, rompí una regla importante en ventas cuando decidí utilizar las vidrieras de las tiendas del Body Shop para promover, no nuestros productos, sino nuestros propósitos y campañas; desde las campañas de Amnistía Internacional, hasta mensajes acerca de la violencia doméstica y la autoestima. Para crecer siempre hemos dependido de nuestra reputación y de lo que se va trasmitiendo de boca a boca, no de esfuerzos masivos sobre la base de anuncios. Parece que ha dado resultados. El Body Shop opera ahora en 50 países, con más de 1,900 productos en el mercado, y sus salidas se han extendido a 24 idiomas, en 12 zonas geográficas.
Años después de que este "sabio" de Harvard dijo que yo iba a fracasar, he aquí que he estado impartiendo cursos de tres semanas como conferencista invitada de la Escuela de Negocios de Stanford. Incluso, entre los estudiantes de Maestría en Administración de Negocios (MBA), he sentido la fuerza de la inteligencia colectiva y reafirmado la creencia de que los modelos de negocios de los programas de MBA están llenos de imperfecciones. No por lo que se enseña, sino por lo que se deja de enseñar. Los programas clásicos de MBA enseñan acerca del balance final, pérdidas y ganancias y sus proporciones, pero no acerca del medioambiente o la responsabilidad social.
Los empresarios son --como he dicho antes-- optimistas patológicos, y siempre van a dar vueltas en círculos viciosos alrededor de los problemas. Yo aparecí entonces con una idea, con un tipo de educación sobre negocios totalmente diferente, basada en la ética y la responsabilidad social en las prácticas de los negocios. Ayudé a fundar la Nueva Academia de Negocios, en 1997. Su propósito era, y es, transformar para bien la educación sobre los negocios.
La Nueva Academia brinda un programa de maestría, en asociación con la Escuela de Administración de la Universidad de Bath, que ofrece el título de Maestría en Ciencias, en Responsabilidad y Prácticas de Negocios. Doy conferencias allí y me gusta mucho hacerlo. El alumnado proviene de todos los puntos del planeta y todos están ansiosos por aprender nuevas formas de hacer las cosas. Cuando se gradúan, emergen al mundo como una red entusiasta de profesionales que trabajan unidos en nuevas empresas e investigaciones transformando los negocios para bien.
¿Cuáles son los nuevos planes?
Aunque ya no participo de los comités ejecutivos, todavía me ocupo de mi negocio del Body Shop. Busco nuevos productos durante mis viajes, trabajo como parte del equipo de innovadores y también en las campañas de punta. Y constantemente me pregunto cómo puedo insuflarle valores a una industria que de por sí no está cargada de valores. De la única manera que puedo hacerlo es quizás volviendo a la idea de comerciar con comunidades pobres de México, África, o buscando inspiración en un nuevo compromiso de la compañía, tal y como mi viaje a Rumania en 1990 estimuló el surgimiento de Romanian Relief Drive (Camino para el Alivio de Rumania), ahora llamado Children on the Edge (Niños al Borde); o como una visita a Glasgow condujo a nuestra asociación con Soapworks, una fábrica local que produce jabones.
La parte más emocionante de mi vida es esta. Pienso que en la medida en que uno envejece se vuelve más radical. Hay una cita de Dorothy Sayers que me gusta mucho: "No hay fuerza terrestre capaz de detener a una mujer en edad avanzada". En noviembre de 1999 volé a Seattle a hablar en contra del papel de la Organización Mundial de Comercio y fui testigo de la "Batalla de Seattle". Estoy fascinada con las publicaciones. En el año 2000, publiqué mi autobiografía Business and Unusual (Negocios fuera de lo común), y en 2001 edité Take it Personally (Tómalo como algo personal), una colección de ensayos provocadores que desafían los mitos de la globalización y el papel de la OMC.
Las emociones y éxitos de estos empeños me incitaron a iniciar mi propia compañía de comunicaciones, Anita Roddick Publications. Quiero decir que fabricamos "armas de destrucción masiva". Estamos experimentando con varias formas y medios para enaltecer y hacer avanzar aquellas cosas que siempre me han interesado: los derechos humanos, el medioambiente y el disenso creativo. Nuestros dos primeros libros aparecieron en 2003, Brave Hearts, Rebel Spirits: A Spiritual Activists Handbook (Corazones valientes y espíritus rebeldes: Manual de activistas espirituales) y A Revolution in Kindness (Una revolución de la bondad)
Lancé mi propio sitio web http://www.anitaroddick.com/ en 2001 y estoy maravillada por las potencialidades de la web para unir a personas con ideas comunes, y para movilizarlas hacia las acciones de masas. Estamos entusiasmados con la posibilidad de experimentar en otros medios también, quizás con vallas subversivas, programas de televisión, u otros proyectos de impresos. Como dijo alguien una vez, sólo estamos limitados por nuestra imaginación.
Dos de mis grandes pasiones son las campañas que estamos llevando a cabo como parte de las Publicaciones Anita Roddick. Una está basada en la explotación de las corporaciones multinacionales, para lo cual hemos unido esfuerzos con el National Labour Committee (Comité Nacional del Trabajo), y hemos ayudado a impulsar una resistencia creativa que ha proporcionado algunos avances visibles. También nos hemos unido a un grupo de activistas de derechos humanos para liberar a tres prisioneros políticos estadounidenses conocidos como Los Tres de Angola. Estos tres hombres, quienes fueron activistas políticos negros en la década de los 70, han cumplido sentencia por más de 31 años en celdas de aislamiento de una prisión de Angola por crímenes que no cometieron. Es mi intención hacer lo que esté a mi alcance, durante todo el tiempo que haga falta, para que se sea conocida esta historia y sean liberados.
Con el Body Shop y las Publicaciones Anita Roddick continuaré luchando por los derechos humanos y contra las iniciativas y estructuras que los violan e ignoran. Es un mandato lo suficientemente grande como para mantenerme ocupada durante los próximos 30 años.
Comencé el Body Shop (Bazar de Belleza) en 1976 con la sola idea de que nos sirviera de sustento a mí y mis dos hijas, mientras mi esposo Gordon andaba por toda América. No tenía estudios, ni experiencia y lo único que sabía venía dado por un consejo de Gordon, tratar de lograr ventas por valor de £300 a la semana. Nadie se refiere al empresariado como medio de sobrevivencia, pero es exactamente eso, además de que nutre el pensamiento creador. Estar a cargo de ese primer Bazar me enseñó que los negocios no son una ciencia de las finanzas, sino se trata de comerciar, o sea, de comprar y vender. Se trata de crear un producto o un servicio tan bueno que haga que la gente pague por él para adquirirlo. Ahora, después de 28 años, el Body Shop es un negocio con múltiples sucursales, con más de 1980 tiendas que atienden a más de 77 millones de clientes, en 50 mercados diferentes, en 25 idiomas, a través de 12 regiones. ¡Y no tengo la más mínima idea de cómo llegamos hasta ahí!
No fue sólo la necesidad económica lo que inspiró el surgimiento del Body Shop. Mis viajes iniciales me habían proporcionado una rica experiencia. Había pasado algún tiempo en comunidades pesqueras y agrícolas con gentes de niveles preindustriales, expuesta a rituales dedicados al cuerpo de las mujeres de todas partes del mundo. Además, la frugalidad que mi madre experimentó durante los años de guerra me hicieron cuestionarme las convenciones de las ventas al detalle. ¿Por qué botar un envase cuando se puede usar de nuevo? Nos comportamos tal y como ella había hecho durante la Segunda Guerra Mundial, utilizamos todo de nuevo, rellenamos todo, reciclamos todo lo que pudimos. La creación del activismo medioambiental del Body Shop nació de ideas como esas.
¿De qué depende el éxito de Body Shop?
Sé que lograr el éxito no depende sólo de buenas ideas; depende del momento también. El Body Shop apareció justo cuando Europa se convertía en "verde". El Salón siempre pudo identificarse por su color verde, el único color que pudimos encontrar capaz de cubrir las paredes húmedas y llenas de moho de mi primera tienda. Abrí una segunda en seis meses, coincidiendo con el regreso de Gordon a Inglaterra. Él llegó con la idea de autofinanciar más tiendas que aceleraran el crecimiento de una red, a través de la cual el Body Shop se expandió por todo el mundo. La compañía se hizo pública en 1984, y desde entonces he ganado varios premios, de los cuales pienso que merezco un par de ellos y los otros no.
Los negocios tienen el poder de hacer el bien. Es por eso que la Declaración de Principios del Body Shop comienza con el compromiso de "dedicar nuestro negocio a la búsqueda de un cambio ambiental y social". Usamos nuestras tiendas y nuestros productos para ayudar a trasmitir temas sobre derechos humanos y el medioambiente.
¿Cómo se vincula Body Shop a campañas por los derechos humanos y el desarrollo sustentable?
En 1993 conocí una delegación de la población de los ogoni, en Nigeria, que reclamaba justicia y reivindicaciones contra la compañía de la gigante multinacional Shell, la cual estaba devastando sus territorios con las exploraciones y la producción de petróleo. En el trabajo con las ONGs convertimos su campaña en una causa internacional célebre. Pero, trágicamente el vocero de los ogoni, Ken Saro-Wiwa, y ocho ogonis más fueron ejecutados por el gobierno de Nigeria en 1995. No obstante, nuestra campaña continuó y finalmente otros 19 prisioneros de los ogoni fueron liberados. En 1997, después de cuatro años de presiones constantes, la Shell dio a conocer nuevas normas revisadas de operaciones donde la compañía se comprometía con los derechos humanos y el desarrollo sostenible. Un año más tarde, lanzaron sus "Ganancias y Principios", una campaña publicitaria en la que reconocían el interés de "un amplio grupo de accionistas en nuestro negocio". Quiero pensar que tuvimos algo que ver en lo que realmente significa ser un ciudadano corporativo.
En septiembre de 2001 uní las fuerzas del Body Shop a Greenpeace, junto a varios miles de organizaciones y consumidores individuales, en una campaña internacional contra la Exxon-Mobil (ESSO), la compañía petrolera y de gasolina más grande del mundo y "Enemigo No.1 en el Calentamiento Global". Esta es la compañía que se niega a aceptar la relación que existe entre quemar combustible y el calentamiento global, y que les ha dado la espalda a las inversiones, así sea de un solo centavo, en energías alternativas renovables, como el viento y la energía solar.
Para mí, organizar campañas y buenos negocios significa también dar a conocer soluciones, no se trata sólo de oponerse a las prácticas destructivas o los abusos de los derechos humanos. Un área clave donde mis negocios y mis intereses personales se combinan de manera natural es en las iniciativas comerciales de la comunidad de Body Shop. Todo comenzó en 1989 cuando asistí al encuentro de Altamira, en protesta contra un proyecto de una hidroeléctrica que hubiera inundado miles de acres de selva tropical sumergiendo las tierras de tribus del Amazonas. Tenía que hacer algo de índole práctico para ayudar a que estas gentes preservaran su cultura. ¿Semillas? En específico, semillas de Brasil que los indios recogen de la selva por medios sustentables, y que cuando se trituran producen un aceite brilloso que sirve como humidificador y acondicionador. La primera relación comercial con estas gentes de la selva, no acostumbradas a ningún tipo de actividad comercial, estuvo cargada de dificultades y peligros. Pero después de 13 años hemos seguido comerciando con ellos, e incluso hemos establecido un proyecto de Farmacia Verde, la cual produce medicamentos basados en el conocimiento tradicional que estos habitantes tienen de las plantas selváticas, lo cual reduce su dependencia de fármacos modernos inapropiados y caros.
Todos los años visito varios de nuestros proyectos. En noviembre de 1999 visité Teddy Exports –socios a largo plazo del sur de la India— GPI en Nepal y nuestros nuevos socios de los pueblos indígenas de Chepang, quienes cultivan hierbas para nuestra línea de Ayurvedic. En enero de 2001 visité los 130 productores de aceite de ajonjolí en Nicaragua, quienes reciben un precio justo y estable por sus semillas. Como resultado, estos campesinos han construido un negocio sustentable con influencia en el mercado, mientras administran una tienda subsidiada, una cooperativa de créditos y emplean a un agrónomo cubano especializado en métodos orgánicos. El trato con Body Shop no los va a hacer ricos de la noche a la mañana, pero sí va a permitir que estos campesinos mantengan el tipo de vida que han escogido y logren su autonomía a través de la cooperación. Me siento muy orgullosa de nuestros esfuerzos por lograr que las relaciones comerciales justas de nuestra comunidad lleguen a los negocios ya establecidos. El Body Shop tiene ya 42 proyectos de ese tipo en 26 países y esperamos desarrollar más.
Siempre el público nos ha identificado al Body Shop y a mí. Hoy ya es imposible separar los valores de la compañía de aquellas cosas de las que apasionadamente me he ocupado – responsabilidad social, respeto por los derechos humanos, protección de los animales y el medioambiente, y una fe absoluta en el comercio de la comunidad. No obstante, el Body Shop no es, ni ha sido nunca, el trabajo de una sola persona. Es una operación global con miles de personas que trabajan hacia metas comunes y comparten los mismos valores. Es esto lo que le ha proporcionado fortaleza a sus campañas y su comercio, y le ha permitido distinguirse de los negocios de las grandes cadenas.
¿Por qué promovió una Nueva Academia de Negocios?
En mi primer libro –una historia autobiográfica de los primeros años del Body Shop, titulada Body and Soul (Cuerpo y alma) y publicada por Ebury Press—escribí que nunca le daría empleo a nadie de la Escuela de Negocios de Harvard. Llegué a esa conclusión después de que un genio del mercadeo (de Harvard, me apresuro a añadir) le dijo al Wall Street Journal que, para sobrevivir, el Body Shop necesitaría de una gran campaña publicitaria; especialmente en 1988, cuando estábamos ampliando nuestras operaciones en Estados Unidos.
Pero yo siempre me he ganado la fama de romper el molde, cuando se trata de prácticas de negocios tradicionales. Por ejemplo, rompí una regla importante en ventas cuando decidí utilizar las vidrieras de las tiendas del Body Shop para promover, no nuestros productos, sino nuestros propósitos y campañas; desde las campañas de Amnistía Internacional, hasta mensajes acerca de la violencia doméstica y la autoestima. Para crecer siempre hemos dependido de nuestra reputación y de lo que se va trasmitiendo de boca a boca, no de esfuerzos masivos sobre la base de anuncios. Parece que ha dado resultados. El Body Shop opera ahora en 50 países, con más de 1,900 productos en el mercado, y sus salidas se han extendido a 24 idiomas, en 12 zonas geográficas.
Años después de que este "sabio" de Harvard dijo que yo iba a fracasar, he aquí que he estado impartiendo cursos de tres semanas como conferencista invitada de la Escuela de Negocios de Stanford. Incluso, entre los estudiantes de Maestría en Administración de Negocios (MBA), he sentido la fuerza de la inteligencia colectiva y reafirmado la creencia de que los modelos de negocios de los programas de MBA están llenos de imperfecciones. No por lo que se enseña, sino por lo que se deja de enseñar. Los programas clásicos de MBA enseñan acerca del balance final, pérdidas y ganancias y sus proporciones, pero no acerca del medioambiente o la responsabilidad social.
Los empresarios son --como he dicho antes-- optimistas patológicos, y siempre van a dar vueltas en círculos viciosos alrededor de los problemas. Yo aparecí entonces con una idea, con un tipo de educación sobre negocios totalmente diferente, basada en la ética y la responsabilidad social en las prácticas de los negocios. Ayudé a fundar la Nueva Academia de Negocios, en 1997. Su propósito era, y es, transformar para bien la educación sobre los negocios.
La Nueva Academia brinda un programa de maestría, en asociación con la Escuela de Administración de la Universidad de Bath, que ofrece el título de Maestría en Ciencias, en Responsabilidad y Prácticas de Negocios. Doy conferencias allí y me gusta mucho hacerlo. El alumnado proviene de todos los puntos del planeta y todos están ansiosos por aprender nuevas formas de hacer las cosas. Cuando se gradúan, emergen al mundo como una red entusiasta de profesionales que trabajan unidos en nuevas empresas e investigaciones transformando los negocios para bien.
¿Cuáles son los nuevos planes?
Aunque ya no participo de los comités ejecutivos, todavía me ocupo de mi negocio del Body Shop. Busco nuevos productos durante mis viajes, trabajo como parte del equipo de innovadores y también en las campañas de punta. Y constantemente me pregunto cómo puedo insuflarle valores a una industria que de por sí no está cargada de valores. De la única manera que puedo hacerlo es quizás volviendo a la idea de comerciar con comunidades pobres de México, África, o buscando inspiración en un nuevo compromiso de la compañía, tal y como mi viaje a Rumania en 1990 estimuló el surgimiento de Romanian Relief Drive (Camino para el Alivio de Rumania), ahora llamado Children on the Edge (Niños al Borde); o como una visita a Glasgow condujo a nuestra asociación con Soapworks, una fábrica local que produce jabones.
La parte más emocionante de mi vida es esta. Pienso que en la medida en que uno envejece se vuelve más radical. Hay una cita de Dorothy Sayers que me gusta mucho: "No hay fuerza terrestre capaz de detener a una mujer en edad avanzada". En noviembre de 1999 volé a Seattle a hablar en contra del papel de la Organización Mundial de Comercio y fui testigo de la "Batalla de Seattle". Estoy fascinada con las publicaciones. En el año 2000, publiqué mi autobiografía Business and Unusual (Negocios fuera de lo común), y en 2001 edité Take it Personally (Tómalo como algo personal), una colección de ensayos provocadores que desafían los mitos de la globalización y el papel de la OMC.
Las emociones y éxitos de estos empeños me incitaron a iniciar mi propia compañía de comunicaciones, Anita Roddick Publications. Quiero decir que fabricamos "armas de destrucción masiva". Estamos experimentando con varias formas y medios para enaltecer y hacer avanzar aquellas cosas que siempre me han interesado: los derechos humanos, el medioambiente y el disenso creativo. Nuestros dos primeros libros aparecieron en 2003, Brave Hearts, Rebel Spirits: A Spiritual Activists Handbook (Corazones valientes y espíritus rebeldes: Manual de activistas espirituales) y A Revolution in Kindness (Una revolución de la bondad)
Lancé mi propio sitio web http://www.anitaroddick.com/ en 2001 y estoy maravillada por las potencialidades de la web para unir a personas con ideas comunes, y para movilizarlas hacia las acciones de masas. Estamos entusiasmados con la posibilidad de experimentar en otros medios también, quizás con vallas subversivas, programas de televisión, u otros proyectos de impresos. Como dijo alguien una vez, sólo estamos limitados por nuestra imaginación.
Dos de mis grandes pasiones son las campañas que estamos llevando a cabo como parte de las Publicaciones Anita Roddick. Una está basada en la explotación de las corporaciones multinacionales, para lo cual hemos unido esfuerzos con el National Labour Committee (Comité Nacional del Trabajo), y hemos ayudado a impulsar una resistencia creativa que ha proporcionado algunos avances visibles. También nos hemos unido a un grupo de activistas de derechos humanos para liberar a tres prisioneros políticos estadounidenses conocidos como Los Tres de Angola. Estos tres hombres, quienes fueron activistas políticos negros en la década de los 70, han cumplido sentencia por más de 31 años en celdas de aislamiento de una prisión de Angola por crímenes que no cometieron. Es mi intención hacer lo que esté a mi alcance, durante todo el tiempo que haga falta, para que se sea conocida esta historia y sean liberados.
Con el Body Shop y las Publicaciones Anita Roddick continuaré luchando por los derechos humanos y contra las iniciativas y estructuras que los violan e ignoran. Es un mandato lo suficientemente grande como para mantenerme ocupada durante los próximos 30 años.

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